Los anarquistas dicen que la sociedad ha de fundarse en la más estrecha solidaridad. En esa sociedad que quieren formar, no se ha de realizar la dicha individual, ni siquiera la ínfima parte, en detrimento de otro individuo; el bienestar particular ha de derivarse del general; cuando un individuo padezca lesión en su autonomía, en sus goces, todos los demás habrán de sentirse igualmente lesionados para que lo remedien.
Mientras no se realice ese ideal, mientras no se logre ese objeto, las sociedades serán organizaciones arbitrarias, contra las cuales tendrán derecho a rebelarse los individuos lesionados.
La idea anarquista no puede contentarse con formar creyentes, tiene que tratar de formar convencidos que sepan por qué creen, dándose cuenta al calor de los argumentos que han oído; por qué los discuten y pesan; por eso es la propaganda más difícil, más ardua, más abstracta, pero también más eficaz
El hombre ha evolucionado poco a poco y evoluciona diariamente. Sus ideas se modifican sin cesar. Aunque se imponga a veces la fuerza física ya no se admira tanto. Sus ideas de moralidad, solidaridad y justicia se han desarrollado, tienen ya bastante fuerza para que los privilegiados, a fin de conservar sus privilegios, necesiten hacer creer a los individuos que se los explota y se los amordaza por su bien.
El que no es capaz de ningún sacrificio por las ideas que dice que profesa, no cree en ellas; las predica por ostentación, porque en un momento dado, están de moda, o porque quiere justificar algún vicio con esas ideas; no confiéis en él, porque os engaña.
No predicamos la abnegación; lo que hacemos es no forjarnos ilusiones acerca de los hechos, ni querer que se las forjen los entusiastas. Apreciamos los hechos como son, los analizamos y deducimos lo siguiente: Hay una clase que lo detenta todo y no quiere soltar nada; hay otra clase que lo produce todo y no posee nada, y no tiene otra alternativa, que postrarse humildemente ante sus explotadores, aguarda con servilismo que le den a roer un hueso; que ha perdido toda dignidad y toda altivez, puesto que no tiene nada de lo que eleva a un carácter, o rebelarse y exigir imperiosamente lo que se niega a sus súplicas. Para los que no piensan más que en su personalidad, para los que quieren gozar a toda costa y de cualquier modo, la alternativa no es agradable. Aconsejamos a éstos que se dobleguen a las exigencias de la sociedad actual, que en ella se busquen un rinconcito, que no miren donde ponen los pies, que no teman aplastar a los que los molesten, esa gente nada tiene que ver con nosotros.
Pero a los que creen que no serán libres de veras más que cuando su libertad no dificulte la de los que sean más débiles; a los que no podrán ser felices hasta que sepan que los goces que los deleitan, no cuestan lágrimas a algunos desheredados, a éstos les diremos que no es abnegarión conocer que hay que luchar para emanciparse.
Comprobamos el hecho material de que únicamente la aplicación de nuestras ideas puede emancipar a la humanidad; ésta ha de ver si quiere emanciparse de una vez completamente, o si ha de haber siempre una minoría privilegiada que se aproveche de los progresos que se logren, a costa de los que se mueren a fuerza de trabajar para los demás.
¿Veremos resplandecer esa aurora? ¿Lo será la generación presente, o la siguiente, u otra más remota? Nada sabemos de ello, ni hemos de averiguarlo. Los que tengan bastante energía y corazón para querer ser libres, lo conseguirán.
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